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Da lo mejor de ti

www.qierovivir.info “Estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, justo juez, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida”. Timoteo 4, 6-8

En años pasados me preguntaba: ¿por qué Dios lo pide todo de nosotros?, ¿por qué no basta que le demos sólo un poco? O, si es Dios, ¿para qué nos pide algo si Él no necesita absolutamente nada ya que Él es el ser Absoluto?. La vida, el tiempo y la oración me han llevado a concluir que Dios tiene la autoridad para pedírnoslo todo no sólo porque es el Creador y Señor del Universo, sino que, además, su autoridad se manifiesta en que Él mismo lo ha dado todo por todos. En pocas palabras, antes de pedirnos algo, Dios ya nos puso la muestra haciéndolo Él mismo.

El Padre celestial nos envió desde los cielos a su Hijo amado y en quien tiene puestas todas sus complacencias. Aún y cuando sabía el desenlace trágico de la cruz lo envió a este mundo para ofrecernos a manos llenas el don de su amor. Dios no nos negó a su Hijo, y todavía más, como bien lo dice el apóstol san Pablo: “Difícilmente se encuentra alguien que dé su vida por un hombre justo; tal vez alguno sea capaz de morir por un bienhechor. Pero la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores” (Rm 5, 7-8). De modo que, en este acto sublime, vemos la increíble y desconcertante generosidad del Padre eterno para con sus hijos. No lo merecíamos, sin embargo, Dios se desbordó en su amor y gracia para ganarnos a todos la salvación.

Se dice que San Ignacio de Loyola, al contemplar el misterio de la Santísima Trinidad, alcanzó a escuchar a las tres divinas Personas diciendo: “Hagamos redención”. Estamos acostumbrados a leer o escuchar las frases creadoras de Dios que se encuentran en el libro del Génesis sobre la luz, el firmamento, los mares, etc. más aun, la maravillosa expresión: “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”, pero lo que san Ignacio escuchó en su meditación fue el autocompromiso de Dios. Las Tres divinas Personas decidieron rescatar a la humanidad de las garras del mal a través de un acto increíble de autodonación para que, nuestro destino de la condenación eterna se reorientara hacia la salvación y la gloria.

El Hijo de Dios, al hacerse hombre, revela el deseo eterno del Creador de redimir a la humanidad caída. La muerte de Cristo en la cruz es la expresión más grande del amor que Dios nos tiene. Jesús mismo no se reservó nada para sí, lo dio todo de su persona para ganarlo todo y ganarnos a todos. La vida de Jesús fue una entrega constante, total y hasta las últimas consecuencias. En el paso de Jesús por este mundo contemplamos lo que cada uno debe hacer: dar lo mejor de sí mismo.

Sin embargo, ante el riesgo permanente de diluir o hacer que desaparezca todo lo que se nos ha confiado, lo que somos y lo que podemos llegar a ser, es necesario renovar nuestro compromiso con Dios y con la vida, dando lo mejor de nosotros mismos.

La mediocridad y el comodísimo quieren devorar la gran riqueza que existe en el interior de cada uno. Es por esto que, para contrarrestar estas enfermedades que actualmente acechan a la sociedad y sobre todo a los jóvenes, habría que valernos de la medicina eficaz que anestesie y destruya la terrible fuerza que golpea a hombres y mujeres. La medicina se traduce concretamente en: una voluntad férrea, un esfuerzo constante y la lucha de cada día.

La felicidad que tanto anhelamos se obtiene haciendo las cosas de la mejor manera posible, enfocándonos en aquello que es esencial, trabajando los dones maravillosos que se nos han dado a manos llenas y haciendo germinar todo lo que se nos confió gratuitamente. Estos dones no deben esconderse ya que, lo mejor de nosotros aparece como resultado del esfuerzo que ponemos en nuestros deseos más profundos, en nuestros sueños y proyectos, en nuestras metas y esperanzas.

Una vida sin ilusiones, sin esfuerzo ni tesón, se destruye completamente. Quizá éste sea uno de los motivos por los que tantos jóvenes de la actualidad caen en las drogas y el alcohol, en el uso excesivo del internet y de los videojuegos. Todo ese potencial que poseen los muchachos por naturaleza queda encapsulado por la falta de actividad, por el sedentarismo exagerado, por una vida inactiva e improductiva, porque viven sólo para sí mismos y así se pierde todo lo que pudiera suceder en beneficio de ellos mismos y de los demás. Actualmente, podemos ver un número importante de jóvenes frustrados, cargando con una profunda tristeza precisamente porque sienten que la vida no ha valido la pena.

Una vida sedentaria donde no se sale a las calles para contemplar al sol radiante de la mañana, donde no se camina por los parques ni se conocen nuevos espacios de convivencia, desdice de lo que Dios ha proyectado para cada uno.

Son impresionantes las estadísticas de las pocas horas de sueño nocturno de los muchachos en estos tiempos. ¡Quieren comerse al mundo de una sola mordida!, cuando de lo que se trata es de saborearlo al máximo. Los años pasan, y cada día tiene su propio afán. El gran reto de cada hombre y mujer consiste en descubrir lo que Dios quiere y llevar a cabo el plan que ha preparado para cada uno. El secreto de la felicidad no está en hacer lo que nos gusta, sino en hacer lo que Dios quiere, aunque no nos guste.

Si colocamos la mano en el pecho y descubrimos que nuestro corazón sigue latiendo lentamente, quiere decir que no estamos viviendo a plenitud. Hay que ponerle mucho más pasión a cada cosa que hacemos para vivir con intensidad. No debemos reservarnos absolutamente nada, porque guardar algo significaría no poder ganarlo todo, nos quedaríamos con la sensación de que algo nos faltó. Por eso, para ganarlo todo hay que darlo todo.

Una corona nos espera, es cierto, pero solamente se colocará en nuestra cabeza si llevamos a cabo lo que recibimos como un don y una responsabilidad. Podremos decir “misión cumplida” si fuimos capaces de dar lo mejor de nosotros mismos hasta el último aliento, como lo hizo el Señor Jesús y como lo menciona san Pablo en el texto de la Escritura en la parte superior de este artículo.

Existe en la literatura cristiana un hermoso poema que reza así: “No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. Tú me mueves, Señor, muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido, muéveme ver tu cuerpo tan herido, muévenme tus afrentas y tu muerte. Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, que aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera. No me tienes que dar porque te quiera, pues aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera”. (Atribuido a fray Miguel de Guevara)

Si no tienes la suficiente motivación para atreverte a vivir intensamente, contempla al Crucificado y date cuenta que el Hombre más feliz en este mundo fue quien lo dio todo hasta el final.

Fuentes. Dr. César Lozano                                                                                                  ¡NOTA IMPORTANTE!

¡Mujer! ¡No abortes a tu hijo! AMALO! Como Dios te ama. ¡Llama y pide ayuda!  24/7 URGENCIAS: (877) 558-0333 • Contacto de oficina no urgente: (619) 577-0997 • Fax: (619) 692-8147 • www.abortionpillreversal.comEsta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.">Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.m

 

Parroquia Santa Gertrudis Stockton Ca. Hora Santa por los niños no nacidos. Cada primer sábado del mes a las 3:00 de la tarde con el Padre Efraín. Alianza con Dios por la vida. www.quierovivir.info                                           Ver video de meditación…

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