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El creyente defensor de la vida

Quim. y Pbro. Mons. Pedro Agustín Rivera Díaz

INTRODUCCIÓN

Felicito a todos los ponentes que me han antecedido, por sus comentarios y aportaciones sobre esta Declaración de los Derechos Humanos del Concebido y expongo a continuación lo que considero también como un aporte en este esfuerzo conjunto de la sociedad, en donde el papel de la Iglesia y por lo mismo del creyente, es fundamental.

JUAN PABLO II

Comienzo recordando las enseñanzas de Juan Pablo II en la encíclica Evangelium Vitae: “Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón… puede llegar a descubrir… el valor… de la vida humana desde su inicio hasta su término, y afirmar el derecho de cada ser humano a ver respetado totalmente este bien primario suyo. En el reconocimiento de este derecho se fundamenta la convivencia humana y la misma comunidad política” (cf Ev Vit 2).

EL CREYENTE DEFENSOR DE LA VIDA

Hablar de los derechos humanos del Concebido desde el punto de vista religioso, no debe hacernos pensar que la defensa de ellos sólo se puede hacer desde la doctrina parroquial, pues el creyente es también un ciudadano que debe conocer sus derechos y obligaciones y ejercerlos y cumplirlos cabalmente. Por eso, su tarea es la de aportar toda la riqueza de su personalidad y de su concepción del mundo, enriqueciendo, a través del diálogo y la acción, a la sociedad.

Querer acallar la voz del creyente sobre temas que atañen a la sociedad o descalificar sus aportaciones por tener un credo religioso es discriminatorio.

Determinar no ejercer el derecho a opinar por no exponerse a las críticas es aún más grave, sobre todo cuando se trata sobre el respeto de los derechos humanos y en particular el derecho fundamental de la vida.

Cada creyente debería ser un defensor de la vida en cualquier ámbito social que se encuentre, sea el político, el académico o el laboral, “a pesar de que al hacerlo se enfrente a la hostilidad y la impopularidad” (cf Evanglium vital 82b); por lo que rechazando todo compromiso y ambigüedad, ha de trabajar por la cultura de la vida y ha de evitar conformarse con una mentalidad violenta que pretende el aniquilamiento del más débil y que es expresión de la cultura de la muerte.

Trabajar a favor de la vida es contribuir a la renovación de la sociedad, a la construcción de la auténtica democracia y al alcance de la paz duradera, es velar por el bien de cada persona, es fortalecer la vida familiar y desde ahí a la sociedad y a la patria.

El Concebido, a lo largo de los meses de su gestación, es expresión máxima de la indefensión de un ser humano y por lo mismo debería de ser cuidado y respetado en todos sus derechos, sobretodo en el fundamental, que es el de la vida. El respeto a la vida del ser humano desde el seno materno, conlleva indudablemente a proteger también a la madre y con ello fortalecer la vida familiar para tener una mejor sociedad y procurar con ello un país mejor. Esta forma de proceder debe llegar a quienes tienen autoridad política, económica, en los medios de comunicación social, educativa y a la sociedad en general, para que cumplan su cometido que es el de velar por la vida de todo ser humano.

ACTUALIDAD DE LA DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS DEL CONCEBIDO

La actual Declaración de los Derechos del Concebido tiene como fundamentos la certeza de los datos que arroja la evidencia científica respecto al inicio de la vida humana y los Derechos Humanos en general y los del Niño en particular, lo mismo que los derechos que protege la Constitución Mexicana.

La actualidad y conveniencia de la presente “Declaración” está en el hecho de que anteriormente no se planteaba el deber de reconocer los Derechos del Concebido dado que, en términos generales, éste no corría más riesgo que el derivado de su viabilidad biológica dentro del seno materno, es decir, de su capacidad innata, así como de las condiciones prenatales. Estas condiciones coincidían con los derechos de sus madres por lo que no se hacía necesario, a efectos de protección del Concebido, una legislación independiente.

Las circunstancias han cambiado y ahora parecen existir derechos a la salud y a la vida de los Concebidos que no coinciden con los correspondientes derechos de sus madres. Es necesario que los Derechos del Concebido prevalezcan sobre otros intereses, sobre todo si entran en conflicto con ellos.

Cada vez y de formas más sofisticadas, existen fármacos e instrumentos que pueden dañar y eliminar la vida del concebido en sus primeros estadios y a ello se suman las modificaciones a legislaciones que ponen en riesgo la vida de los concebidos al no reconocer sus derechos constitucionales. Es por eso que, ante el análisis que propone la presente Declaración, es necesario que el interés superior del Concebido sea reconocido por la sociedad y los gobiernos y se protejan sus derechos.

ALCANCES DE ESTA DECLARACIÓN

La defensa del Concebido debe comenzar desde la familia, máxime que ella es “el santuario de la vida”, el lugar primario de de la humanización de la persona y de la sociedad” y “cuna de la vida del amor” (Chisti fideles laici 40). Requiere también del ejercicio responsable, y con criterios morales, de la sexualidad, don de Dios para transmitir la vida.

Debe estar en la mente y en el corazón de todo padre y madre pues son ellos quienes directamente intervienen para la concepción de un ser humano que será su hijo o hija, según el caso.

Debe de estar en la mente y en el corazón de toda mujer que deberá apreciar el don que se le ha confiado, que es el de tener la capacidad de engendrar y proteger durante los primeros días y meses de la vida de su hijo. Don de maternidad que no se le ha confiado al hombre. Don que le ha de llevar a superar cualquier medio o temor, ante la alegría de poder olvidarse de sí misma para compartir su vida con un nuevo ser, que un día se podrá dirigir a ella con el dulce nombre de mamá.

Debe de estar en la mente y en el corazón de todo hombre que debe de aprender a respetar a la mujer para dejar de verla como un mero objeto sexual, para respetarla y amarla sinceramente como madre, hermana, hija, amiga y si es el caso como esposa, para que, especialmente en esta situación, la acompañe como cónyuge y corresponsable de los hijos que engendren.

Debe llegar a los jóvenes que teniendo sed de un auténtico amor muchas veces son condicionados por el ambiente para someterse a situaciones que banalizan el sentido de la sexualidad humana vista, solamente en su dimensión de placer y no en su plenitud como medio de realización en el auténtico amor humano.

Debe llegar a la mente y estar en el corazón de quienes de manera amplia manejan los medios de comunicación a través del cine, la televisión, la literatura, que han de reconocer el compromiso que tienen de trasmitir la belleza del amor desinteresado que lleva al ser humano a dar lo mejor de sí.

Debe de estar en el corazón de los jueces, legisladores y gobernantes de nuestro país y del mundo entero para que emitan leyes justas que conformes a la dignidad del ser humano, reconozcan sus derechos, desde el momento de su concepción y para que basados en la verdad sustentada en la evidencia científica, eviten determinar leyes inicuas –y que por lo mismo dejan de ser leyes- que se conviertan en un acto de violencia para quienes padecen sus consecuencias, llegando incluso a privarlos del derecho fundamental de la vida.

CONCLUSIÓN

Confiamos que la presente Declaración sea acogida con interés y sea un medio eficaz para alimentar la inteligencia y fortalecer la conciencia de todos aquellos que en medio de muchas y diversas opiniones, reconocen la evidencia científica que demuestra que el concebido es un ser humano. Esperamos que aquellos que tienen alguna duda de esta realidad, tengan elementos que les ayuden a clarificarla y que los que la rechazan encuentren puentes de diálogo y no de confrontación.

Fuente   www.derechosdelconcebido.org.mx

www.quierovivir.info

 

Alianza con Dios por la vida les desea  ¡Feliz Navidad! 

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