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La raíz de la “cultura” de la muerte y del aborto

La raíz de la “cultura” de la muerte y del aborto


Adolfo J. Castañeda, MA, STL
Director de Educación e Investigación para el Mundo Hispano
Vida Humana Internacional

El Padre Paul Marx, fundador y primer presidente de HLI, siempre nos enseñó que no se puede combatir con eficacia el aborto, si al mismo tiempo no se combate su raíz principal, que es la anticoncepción. El Padre Marx recorrió 90 países del mundo como misionero provida. Su formación en teología y sociología, y su vasta experiencia le convencieron de que en todos los países donde se difunde la anticoncepción tarde o temprano se legaliza el aborto o este se difunde con muy poca oposición. La práctica anticonceptiva y la mentalidad que esta genera son el caldo de cultivo para la mentalidad abortista.

Eventualmente, gran parte de las parejas (casadas o no) que caen en este grave pecado llegan a considerar al bebé por nacer como si fuese un “intruso” en su relación sexual, en vez de un don de Dios y el fruto más excelente del matrimonio. El aborto se utiliza en muchos casos como un respaldo al fallo del anticonceptivo.

Ello no quiere decir que todas las personas que practican la anticoncepción van a abortar o a apoyar este crimen. Se trata de una tendencia general que va minando la fibra moral de la sociedad y neutralizando al pueblo católico, el cual, debilitado moralmente por esta práctica antinatalista ofrece, en el mejor de los casos, una tímida resistencia a este crimen.

La solución que proponía el Padre Marx a este grave problema era la de enseñar y promover la Encíclica Humanae vitae, del Papa Pablo VI, publicada el 25 de julio de 1968. Este profético documento reiteró la enseñanza de dos mil años de la Iglesia Católica en contra de la anticoncepción y a favor de la transmisión de la vida y del amor conyugal.

En el número 17 de esta Encíclica, el Papa precisamente vaticinó cuatro consecuencias lamentables que ocurrirían si la gente no hacía caso a esta enseñanza. Aunque el aborto no se encuentra explícitamente en ellas, claramente se puede apreciar que el terreno infestado por las mismas, ha sido el escenario perfecto para la difusión, a una escala sin precedentes, de este abominable ataque contra la vida humana inocente. Ciertamente la anticoncepción, en estas cuatro predicciones, se manifiesta, no sólo como la raíz del aborto, sino también de toda la “cultura” de la muerte.

1) Desintegración de la moralidad en general. La difusión de la práctica anticonceptiva desataría más aún la lujuria y ello llevaría a un aumento del adulterio y la fornicación. Las estadísticas, hartamente conocidas, que demuestran el aumento del divorcio y de la promiscuidad juvenil actuales, demuestran fehacientemente que Pablo VI tenía toda la razón. El propio aborto es la práctica más inmoral que ha sido fomentada por la mentalidad anticonceptiva.

2) El hombre perdería el respeto por el equilibrio físico y psicológico de la mujer. La práctica anticonceptiva generaría en el hombre una mentalidad por medio de la cual la mujer ya no es vista como la esposa a quien amar y respetar, sino como un objeto sexual, que siempre tiene que estar disponible para satisfacer al hombre, “gracias” a los anticonceptivos.

Además de ello, siendo la mujer para quien más se fabrican anticonceptivos, es ella la que más sufre sus consecuencias físicas y psicológicas. Por ejemplo, hoy en día no es ningún secreto que la píldora anticonceptiva puede causar cáncer de mama, coágulos sanguíneos (que a su vez causan infartos y trombosis), esterilidad y depresión – por mencionar sólo algunos ejemplos.

3) La gente creería erróneamente que tiene un derecho absoluto sobre su cuerpo, incluyendo especialmente su capacidad para procrear. No puede haber duda de que desde que la práctica anticonceptiva se ha difundido a gran escala, ha surgido la mentalidad egoísta que se expresa por medio de slogans, como “yo soy dueño/a de mi cuerpo” o “yo puedo hacer lo que quiera con mi cuerpo”.

Dios nos ha dado cierto dominio sobre nuestro cuerpo, pero para hacer el bien, no el mal: cuidar de nuestro cuerpo, colocarlo al servicio de los demás, etc. Pero no tenemos un derecho absoluto sobre nuestro cuerpo ni mucho menos sobre el de los demás. No tenemos derecho a manipular nuestra fertilidad por medio de la anticoncepción o la esterilización. No tenemos derecho a abortar a los bebés que no han nacido, ni a destruir embriones humanos por medio de la fecundación in vitro o de la experimentación con embriones humanos. Tampoco tenemos derecho a disponer de la vida de ancianos y enfermos por medio de la eutanasia o el suicidio asistido.

Nadie puede negar que estas prácticas han estado aumentado desde hace varias décadas.

4) Ciertos gobiernos impondrían el control de la natalidad a sus pueblos. Desde la década de los 80 el gobierno comunista chino le ha estado imponiendo a su pueblo la infame política de un solo hijo por familia, que incluye abortos y esterilizaciones forzosas. En la década de los 90, el gobierno de Alberto Fujimori les impuso a las mujeres de su pueblo una campaña de esterilizaciones que incluía cuotas de esta inmoral práctica – al menos 18 mujeres murieron a consecuencia de esa campaña. En el año 1974, el gobierno de EEUU produjo un documento secreto, desclasificado en 1990, que se tituló “El Informe Kissinger”. Ese documento proponía la egoísta política de practicar el control demográfico en los países “emergentes” o del tercer mundo, para asegurar el acceso de EEUU a sus recursos naturales, especialmente los minerales. El documento no descartaba el uso de “incentivos” alimenticios o económicos para lograr este propósito.

No cabe la menor duda de que el Papa Pablo VI tuvo razón al reiterar el rechazo de dos mil años de la Iglesia Católica a la anticoncepción. La historia reciente ha vindicado al Papa y a toda la enseñanza de la Iglesia sobre este tema.

Hacemos un llamado a todos los sacerdotes y a los líderes laicos, empezando por los padres de familia, quienes son los primeros y principales educadores de sus hijos, a formar a la gente en los valores contenidos en la Encíclica Humanae vitae. Deben enseñar que la anticoncepción es un acto intrínseca y gravemente inmoral – que no está justificado en ninguna circunstancia ni por ningún motivo. Deben enseñar que la anticoncepción lleva a una mentalidad a favor del aborto y otros males. Deben enseñar todo esto con firmeza, amor y compasión, resaltando que la anticoncepción no sólo va en contra del respeto debido al precioso don de la transmisión de la vida, sino también del precioso don del amor conyugal.

El Padre Álvaro Araque Director de Alianza con Dios por la vida y, de www.quierovivir.info agradece la participación del Sr. Adolfo J. Castañeda, MA, STL
Director de Educación e Investigación para el Mundo Hispano
Vida Humana Internacional

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