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Las siete características de la “cultura” de la muerte

Las siete características de la “cultura” de la muerte

Adolfo J. Castañeda, MA, STL
Director de Educación e Investigación para el Mundo Hispano
Vida Humana Internacional

En el número 17 de su Encíclica “El Evangelio de la Vida”, el Papa Juan Pablo II describió de manera breve y precisa qué es la “cultura” de la muerte: “Las amenazas contra la vida no disminuyen. … adquieren dimensiones enormes. … se trata de amenazas programadas de manera científica y sistemática. … Los falsos profetas y los falsos maestros han logrado el mayor éxito posible. … Estamos en realidad ante una objetiva conjura contra la vida, que ve implicadas incluso a Instituciones internacionales, dedicadas a alentar y programar auténticas campañas de difusión de la anticoncepción, la esterilización y el aborto. Finalmente, no se puede negar que los medios de comunicación social son con frecuencia cómplices de esta conjura, creando en la opinión pública una cultura que presenta el recurso a la anticoncepción, la esterilización, el aborto y la misma eutanasia como un signo de progreso y conquista de libertad, mientras muestran como enemigas de la libertad y del progreso las posiciones incondicionales a favor de la vida”. 

Podemos resaltar en este fragmento siete características de la “cultura” de la muerte:

 1) La “cultura” de la muerte es una mentalidad, una ideología, una “cultura” (en el sentido amplio de la palabra). Se trata de un conjunto de ideas y actitudes encaminadas a promover la muerte, sobre todo la de los más débiles e indefensos: los niños por nacer, los incapacitados, los ancianos y los enfermos terminales. 

La estrategia de esta ideología es mentir astutamente y su objetivo es matar, física o espiritualmente. En Juan 8:44, Jesús describe al diablo como asesino y mentiroso desde el principio. Y en 2 Corintios 11:14-15, San Pablo añade que el demonio se disfraza de ángel de luz y sus ministros se disfrazan de ministros de “justicia”. No estamos diciendo que los ideólogos de esta “cultura” estén poseídos por el diablo. Pero sabemos que el demonio influye en la mentalidad de las personas, y los falsos profetas y maestros de esta ideología no son ajenos a esa influencia.

Estos falsos profetas y maestros son los ideólogos de esta “cultura” de la muerte. Estas personas son las que dirigen las organizaciones antivida o influyen poderosamente en ellas, debido a su poder político o económico. El Papa dice que han tenido “el mayor éxito posible”. Ello se debe precisamente a que aparentan ser buenos y capaces de resolver los problemas del mundo. Engañan a la gente porque su apariencia física y su comportamiento social son impecables – visten elegantemente, tienen modales exquisitos, dan discursos muy bonitos y utilizan slogans atractivos para encubrir el aborto y otros males: “salud reproductiva”, “interrupción del embarazo”, “perspectiva de género”, etc. Además, trabajan en suntuosas oficinas que forman parte de instituciones que gozan de mucho prestigio.

 2) La “cultura” de la muerte consiste en la matanza, a gran escala y como nunca antes en la historia, de seres humanos inocentes. No todo lo que brilla es oro. Detrás de esa atractiva fachada, se encuentran líderes cuyos planes han causado la muerte de incontables criaturas humanas por nacer y también de una gran cantidad de otros seres humanos ya nacidos, pero vulnerables ante los crímenes de la eutanasia y el suicidio asistido. Sólo para dar una idea, la propia Organización Mundial de la Salud (OMS), que es una institución antivida, calcula que cada año en el mundo mueren por aborto entre 36 y 53 millones de seres humanos no nacidos. Debemos añadir que en esas pavorosas cifras no están incluidos las decenas de millones más que han muerto a causa de los anticonceptivos abortivos, como la píldora anticonceptiva (incluida la píldora del “día siguiente”), el dispositivo intrauterino, la Depo-Provera y el Norplant. Tampoco está incluidos los millones de embriones humanos que han muerto a causa de la fecundación in vitro y la experimentación (incluyendo los intentos de clonación humana y la investigación en células madres embrionarias). Se trata del holocausto más grande de la historia. En ninguna guerra ha muerto tanta gente inocente.

 3) La “cultura” de la muerte consiste en amenazas contra la vida humana inocente que son perpetradas de manera científica y sistemática. No se trata de matanzas al azar, de un aborto aquí y otro allá. Con todo lo malo que eso es, se trata de algo peor. Esto ha sido planificado en mesa de trabajo, en reuniones de alto nivel, a las cuales concurren jefes de estado, líderes de organizaciones antivida y otras personas influyentes. En esos foros se dialogan y se planean medidas que redundan en la muerte a gran escala de millones de seres humanos inocentes. Esas medidas tienen objetivos y estrategias bien definidos, que utilizan para su planificación y ejecución los “avances” más recientes de las ciencias – ya se trate de los métodos, farmacológicos o quirúrgicos, más eficaces para abortar o impedir la natalidad, o de las técnicas de psicología social más astutas para convencer a las grandes masas de usarlos.

 4) La “cultura” de la muerte es una conjura contra la vida. No se trata de una paranoia sufrida por un grupo de personas que ven diablos por todas partes. Lo dice el Papa, quien ha recopilado la información que en realidad está al alcance de todos. Basta visitar las páginas en la Internet de los grupos que componen esta “cultura” y de penetrar en su semántica engañosa, para darse cuenta de los planes de dichos grupos, de lo similar que son sus ideas y slogans, así como de la colaboración que ejercen entre sí para propiciar la muerte.

 5) La “cultura” de la muerte es un conjunto de instituciones muy poderosas. La lista de todas ellas es muy larga. Basta nombrar las que más daño hacen. En primer lugar está la abominable Federación Internacional de Planificación de la Familia (IPPF por sus siglas en inglés). Los foros de la ONU son el usual escenario donde planifican de común acuerdo cómo llevar a cabo sus campañas de muerte la IPPF y muchos otros grupos antivida, como “Católicas por el Derecho a Decidir”, el Centro de Derechos Reproductivos y Marie Stopes International. Los principales organismos de la ONU involucrados en esta “cultura” son el Fondo de Población (UNFPA, por sus siglas en inglés), el UNICEF, la UNESCO y la propia OMS.

 En América Latina, la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), también son instituciones de la “cultura” de la muerte. Hay muchas otras, pero los límites de espacio no nos permiten nombrarlas.

También pertenecen a este conjunto de instituciones de muerte los gobiernos más ricos del mundo que les dan financiamiento: EEUU, Canadá, la Unión Europea y Japón.

La “cultura” de la muerte no es un ente abstracto, tiene nombre y apellido.

 6) La “cultura” de la muerte consiste concretamente en campañas de aborto, anticoncepción, esterilización y eutanasia. No estamos hablando de guerras convencionales ni asimétricas ni de ataques terroristas – ya de por sí una inmensa tragedia. Estamos hablando de ataques contra la vida o contra la natalidad que son perpetrados silenciosamente en el interior de “clínicas” de salud, hospitales o incluso del mismo vientre materno. No por ello, sin embargo, estos atentados dejan de ser infames y más numerosos que los que se ven o escuchan en los medios de difusión.

 7)  La “cultura” de la muerte recibe el apoyo social y goza de la complicidad de los medios seculares de difusión. ¿Cuándo fue la última vez que usted vio o escuchó acerca del aborto y de cómo este mata a los niños por nacer, y daña física, psicológica y espiritualmente a la mujer que comete el grave error de someterse a este crimen? En el “mejor” de los casos, los medios cubren de silencio esta guerra diaria contra la vida. Y en el peor, manipulan la información presentando el aborto, la anticoncepción, la esterilización y la eutanasia como parte del “progreso” de la humanidad. Al mismo tiempo tergiversan las palabras de los que valientemente defienden la vida de manera incondicional, o los ridiculizan y demonizan. Estos medios no toleran que haya personas que amen la vida humana sin discriminar ni rechazar a los seres humanos no nacidos por  las circunstancias en que fueron concebidos, ni por la falta de una presunta “calidad de vida” de aquellos otros inocentes ya nacidos.

 A los responsables de estos medios de “información” les encajan muy bien las palabras del profeta Isaías, cuando dijo: “¡Ay de aquellos que llaman ‘bien’ al mal y ‘mal’ al bien o que llaman ‘luz’ a la oscuridad y ‘oscuridad’ a la luz!” (5:20).

 Las principales maneras de acabar con esta “cultura” de la muerte y de establecer la cultura de la vida son la oración y el ayuno. Pero al mismo tiempo los obispos, los sacerdotes y los diáconos tienen que predicar y enseñar, a tiempo y a destiempo, la doctrina de la Iglesia sobre estos temas, y  tienen que hacerlo de manera concreta, con nombre y apellido, no con generalidades. Lo mismo deben hacer - en sus respectivos ámbitos -  los religiosos y las religiosas, los padres de familia, los maestros, los médicos y los demás forjadores de mentalidades que son católicos o que son personas de buena voluntad que aman la vida incondicionalmente.

De lo contrario, la civilización occidental, en su mayor parte de cultura cristiana – al menos por costumbre –, corre el peligro de desaparecer.

 El Padre Álvaro Araque Director de Alianza con Dios por la vida y, de www.quierovivir.info  agradece la participación del Sr. Adolfo J. Castañeda, MA, STL

Director de Educación e Investigación para el Mundo Hispano

Vida Humana Internacional

 

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